• Lic. Diego S. Gómez

El Cuerpo Habla, y Nunca Miente

Nuestra cultura occidental (Cartesiana), siempre hizo una separación tajante entre “cuerpo” y “mente”. Yo adhiero a una visión holística, unitiva, en la cual Mente, Cuerpo, emociones, vínculos y energía están tan interconectados como los hilos de un tejido.



El Cuerpo “habla”… habla de nosotrxs, y habla con nosotrxs.

Es cierto, no todxs lo escuchamos cuando nos habla; y no todxs entendemos su idioma (como tampoco muchxs ‘xadres’ entienden y logran discernir lo que transmite un bb al llorar). Pero a medida que le prestamos más atención, a medida que más escuchamos lo que nos dice en su propio lenguaje, iremos aprendiendo a interpretar lo que nos quiere comunicar.

Todo organismo vivo tiende al equilibrio, a la autorregulación; todo organismo requiere de un intercambio de materia y energía con el entorno. Si el entorno no le ofrece al organismo lo que necesita, el organismo intentará adaptarse, sea cambiando de entorno, sea intentando modificar el entorno, y cuando no sea posible, modificándose a sí mismo.

Cuando el organismo no realiza la acción pertinente para saciar su necesidad, o cuando el entorno no ofrece lo que el organismo necesita, aparecen síntomas que expresan ese desequilibrio (y muchas veces puede aparecer alguna enfermedad). Pero esos Síntomas, por lo general, son un intento (fallido) del organismo para lograr saciar esa necesidad (por ejemplo… imaginemos a una persona que, nerviosa o ansiosa, se enciende un cigarrillo o empieza a comer descontroladamente, en vez de realizar una acción o una operación eficaz o pertinente que calme la raíz de ese estado anímico).

El cuerpo habla, el cuerpo avisa, pero llega un punto donde nos “grita”.

La espalda duele por ‘el peso extra’ que cargamos, y no queremos soltar… Los ojos duelen por la injusticia que cotidianamente vemos… La cabeza duele por las dudas, la preocupación y pensamientos que contiene… La garganta duele por la bronca allí atorada, que no podemos sacar… El estómago duele por la angustia de haber tragado lo indigerible… El hígado duele por no poder metabolizar la ira… El pecho (corazón) duele por el desamor y la traición, por la tristeza o la frustración.

Algunxs optan por “acallar” al cuerpo, por combatir los síntomas (con distracciones, o con fármacos, etc.)… pero eso es tan 'inteligente' como tapar con una cinta la luz roja del tablero del auto cuando se enciende para avisar que ya casi no queda nafta.

La angustia también es una señal necesaria, que nos marca el camino. No hay que aplacarla enseguida, hay que escucharla… Como la fiebre, que indica que las defensas del organismo están actuando por la intrusión de algo ajeno y potencialmente peligroso. Si bajamos la fiebre ‘desarmando nuestras defensas naturales’, no nos beneficiaremos…

El cuerpo es sabio, el cuerpo sabe.

Muchxs consideran que los síntomas o enfermedades son enemigas que se deben combatir. Y la persona lucha contra una parte de sí misma, se enoja y resiente con esa parte de sí…

Cada parte y zona de nuestro cuerpo tiene distintas cualidades y muchas veces, no es casualidad qué zona nos duele o dónde aparece un síntoma. Muchas veces, es un mensaje… tal vez de saturación, o de carencia (de que sobra o falta algo“que aguanto todo”, “que me inflo como un globo y exploto”, que “tengo que poder y resolver todo”, o lo opuesto: “no puedo cargar con nada”, “todo lo siento pesado y lo suelto enseguida”, etc.).



Lo saludable es el fluir, el equilibrio dinámico es ‘salud’; el estancamiento o la paralización es ‘enfermedad’ o ‘muerte’.

Recordemos: TODO está integrado, tanto las partes del organismo –así como el organismo respecto de su entorno– son interdependientes.

Nada es en el vacío, somos seres relacionales, abiertos al mundo.

Pues bien:

QUÉ hacemos con el Cuerpo, delata CÓMO hacemos (muchas cosas) en la Vida con nosotrxs, y con otrxs.

Como dije, “Cada parte y zona de nuestro cuerpo tiene distintas cualidades…”

Por ejemplo, el sistema locomotor está compuesto –entre otras cosas– por huesos. Los HUESOS tienen la cualidad de ser firmes, duros, livianos, protectores; brindan estructura (sostén, apoyo), sanan solos (con tiempo y reposo)… Los MÚSCULOS son sostenedores, protectores, flexibles, dependientes, obedientes, trabajan en equipo, dan forma, intervienen en prácticamente todo lo que hacemos (hablar, caminar, respirar, comer, etc.), son fuertes pero se fatigan si no se les da descanso…


Podríamos hacer una descripción así de cada micro-parte de nuestro organismo (de hecho, la Dra. A. Schanake desarrolló una práctica terapéutica desde esta perspectiva), y veríamos que muchas cualidades tienen que ver con nosotrxs, con nuestro carácter o ‘forma de ser’… o bien, que deberíamos aprender algo de cierto órgano o parte del cuerpo, poner en práctica alguna de sus cualidades.

Cada parte del cuerpo tiene características específicas, algunas partes tienen cualidades en común, pero también ‘opuestas’ o ‘complementarias’ respecto de otras (sin que eso implique una contradicción):

Los BRONQUIOS son irritables, sensibles, pasivos… El CORAZÓN es activo, persistente, autónomo, generoso, vulnerable, trabaja tanto como descansa… La PIEL se caracteriza por ser sensible y delicada, envolvente, protectora, por poner límites, por ser protectora y ‘delatora’ (muestra lo que nos está pasando: alegría, temor, vergüenza, etc.)…


El cuerpo no miente...

El CÁNCER es una célula que, instalada en un órgano, comienza a reproducirse a gran velocidad. Es una célula como cualquier otra, que en determinado momento muta, se niega a cumplir con las necesidades del órgano del cual forma parte. Por alguna razón, el sistema inmunológico no es informado de este ‘desacato’ para ponerle un freno. Esas células ‘son caprichosas’, no respetan ningún límite, se alimentan invadiendo y destruyendo el entorno… Son “inmortales”, viven mientras tengan de qué alimentarse (incluso fuera del órgano, si son extirpadas). Por eso se dice que son “omnipotentes”.

Schnake dice que lo único que vence al cáncer es “la humildad del órgano”, el ‘no querer ser más ni menos de lo que es’… Hasta que la persona no se baja ‘del pedestal’, la célula oncológica es la que gana.




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