• Lic. Diego S. Gómez

La Violencia Vicaria



La Violencia Vicaria (o ‘de sustitución’) es aquella que ejercen –generalmente– hombres contra sus ex parejas mujeres, utilizando a la(s) hija(s) y/o hijo(s) que tuvieron en común, como medio para dañar, manipular o controlar a la madre, generando un daño psico-emocional tanto a ella como a les niñes.


Vicario/a es una persona que sustituye a otra en una función, tarea o actividad.

Del latín “vicarius”, significa ‘sustitución’ o ‘a través de otra persona’.

En este caso, es cuando les hijes se convierten en ‘el medio’ para herir, lastimar, castigar o ‘escarmentar’ a una mujer, por parte de su ex pareja.



Es una violencia directa hacia la ex pareja, pero de modo indirecto: usando a lxs niñxs, separando a la madre de ellxs. Es un tipo de agresión que duele más que cualquier golpe imaginable, porque es ‘amputarle’ a una madre “lo más preciado” que tiene: el vínculo con su(s) hijx(s).

Los hijos/as son ‘el instrumento’ de estos violentos (quedan reducidos a ‘objetos’) para dañar a las mujeres.


Para estos tipos, no es más que un modo de vengarse, de ‘desquitarse’. Buscan hacerlas sufrir.

Amenazan a la mujer con no volver a ver nunca más a su(s) hijx(s). En los casos más aberrantes, puede amenazarla con dañar o asesinar a su(s) hijx(s). Esta situación puede terminar en el suicidio de la madre (y/o de su hijx). Es una de las violencias más crueles hacia las mujeres, un escaloncito previo al infanticidio o al feminicidio.



La Violencia Vicaria inicia con la sustracción de un hijo, hija o hijes; la madre vive esto con una angustia extrema, tal como un secuestro, una tortura, e incluso un asesinato (como ‘un disparo al corazón’)… así lo registra psicológica y emocionalmente, y ese es justamente el efecto que el agresor pretende generar.

En muchos casos, los progenitores se llevan a lxs niñxs a otras regiones o países (a veces, con la ayuda de otrxs integrantes de su familia).


Los niños/as son como rehenes

Muchas veces, les niñes desarrollan el llamado “Síndrome de Estocolmo”, por la violencia y manipulación psicológica (yo le llamo ‘terrorismo psicológico) ejercida por el progenitor/secuestrador (no digo “padre”, porque esa palabra les queda grande).

Les hijes creen que su madre los abandonó, que se fue con otro hombre, que no los quiere ver, etc.



Una madre dijo: “si te quitan a tus hijos para hacerte daño, primero les están dando veneno a ellos para matarte a ti… Estás sin tus hijos, no sabes dónde están, no sabes si están bien, qué comen… Vivir esta crueldad es estar muerta en vida.


Esta violencia no está en la agenda social, pocas veces es reconocida como tal, no abundan estudios serios ni legislación específica. La sociedad debe estar al tanto, la problemática se tiene que visibilizar para poder hablar de ello, y avanzar en la lucha contra esta crueldad hacia niñxs y madres.


La mayoría de las mujeres que son víctimas de violencia vicaria, naturalmente, pasaron por otras formas de violencia previa. A la violencia psicológica, patrimonial, física y digital, que generalmente han vivido previo a la Violencia Vicaria, se suma la violencia institucional: “legal/judicial”.



Muchos de estos agresores poseen dinero e influencia (tiempo y dinero es lo que a muchos les sobra), cosa que no poseen las mujeres a las que buscan perjudicar.

Hay madres que pierden el contacto con sus hijxs por años, y son sometidas a la ‘picadora de carne’ que puede llegar a ser el sistema judicial (dicho en esos términos por el Dr. Enrique Stola, quien a acompañado a numerosas víctimas de distinto tipo de violencia).


El desgaste que genera la burocracia judicial es altamente nociva para el cuerpo y la mente… implica horas de viajes, de trámites, de “le faltó traer X papel”, de “tiene que volver la semana o el mes que viene…”, y así pasan horas, días, semanas, meses, y hasta años.


La mayoría de los casos son un calco… parecen sacados de un ‘manual’ de tipos violentos y despechados: además de llevarse a les niñes (sustracción ilegal, muchas veces luego de una visita pautada), denuncian falsamente a la madre judicialmente, diciendo que ejercía violencia familiar… No es más que otra estrategia de desacreditarla y hacerla sufrir.



Los daños psíquicos (y físicos) que esta violencia provoca en las madres son enormes (abrumadores, considerando que –a la violencia del ex– se suma la violencia institucional del poder judicial: largas batallas jurídicas… carpetas de investigación en contra de la madre para retener a lxs niñxs y dilatar el proceso… La intención siempre es romper el vínculo materno-filial):

Trastorno del estado de ánimo, Trastorno de ansiedad, Trastorno del sueño, Trastorno de alimentación, Trastorno de atención/concentración, Trastorno de Estrés Post-Traumático (miedos, hipervigilancia, alerta constante, sobresaltos, pesadillas, recuerdos y pensamientos intrusivos… además del sentimiento de culpa, de soledad, de indefensión… depresión, aislamiento, distanciamiento emocional, irritabilidad)… Etc.


Esta situación se da en casi todos los países del mundo, en un porcentaje casi absoluto los progenitores varones son los secuestradores (aunque legalmente no se le llame así), y esto tiene como ‘caldo de cultivo’ y como ‘condición de posibilidad’, una sociedad patriarcal, con una cultura machista.


Las organizaciones de madres que sufrieron o sufren Violencia Vicaria, han hecho estadísticas: el 70% de estas madres han considerado el suicidio, el cual se debería considerar –en caso de efectuarse– como ‘inducido’, ocasionado por el enorme dolor causado por el progenitor secuestrador. En el 71% de los casos, ya existía violencia hacia les niñes por parte del progenitor sustractor.



El daño que busca el apropiador es cortar o romper el vínculo de la madre con sus hijxs. Los incomunican del entorno familiar, y en ocasiones los sacan –ilegalmente– del país.

Es importante el estudio y la legislación sobre esta problemática endémica, porque si bien hay porcentajes ínfimos donde los padres terminan siendo quienes protegen y rescatan a sus hijxs, en la abrumadora mayoría de los casos, las madres son las víctimas, pero quienes siempre quedan en el medio, son las niñas y niños.


La ley debe proteger a las niñas y niños de sus agresores, sea quien sea. Pero no podemos dejar de advertir que casi siempre, son los progenitores varones quienes ejercen esta violencia, buscando perjudicar y afectar a la madre. La diferencia estadística es abismal: miles, contra unos pocos casos donde los padres son los ‘protectores’.

Estos violentos encuentran cómplices en el Sistema Judicial (empezando por abogados y abogadas misóginxs), y la mirada patriarcal de jueces, juezas y fiscales.



Suele pensarse o escucharse que estos hombres “son enfermos”, “tienen problemas”, están “locos”… Hace años me intereso por la Sociopatía y la psicopatía (en algún momento haré algún escrito al respecto), y puedo asegurar que la mayoría de estos varones son simplemente Machistas despechados, furiosos y vengativos

No necesitamos patologizarlos, porque si pensamos que ‘son enfermos’, podríamos también decir “pobres, no tienen la culpa, su enfermedad actuó por ellos”, y NO es así en lo más mínimo.

De hecho, la Sociopatía no es una ‘enfermedad’, es un Trastorno de la Personalidad.

Estos hombres son, como dicen las feministas, ‘hijos sanos’ del patriarcado.




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